
Mirá mi hombro.
Miralo fijamente.
No intentes escapar de su seducción.
Allí está.
Miralo bien.
Con tus pupilas más enteras.
¡No lo toques!. Si lo hacés no hay salvación.
Pero vos eso lo sabes.
O lo intuís.
O de alguna manera lo inventás.
Debés cuidarte de su textura.
Te mancha los ojos.
Te ensucia la saliva.
Miralo bien, pero sin mirarlo.
¿Ya murió el espectáculo del amor?
