
Bebo el vacío del vino hasta anestesiarme.
No sé cuantos fuegos latieron mientras todo se hizo ladrillo.
Muro en mis rodillas desamparadas.
Tus manos fueron más rápidas que mi vientre.
Chupaste mi penumbra y huiste de mi frío.
Entiendo.
Es demasiado tarde para tener un sueño.
Mis caminos se perdieron en alguna ruta
y es tan lejano el olvido
que por momentos patino sobre él
(sin piel)
